Ser feliz o tener razón

¿Otra Navidad Igual?

¿Otro año en el que no vas a ser capaz de ponerte de acuerdo en nada con tu ex? ¿Tienes algún objetivo distinto de quedar por encima de la otra persona? ¿Te has parado a pensar por un momento en tus hijos? ¿Tanto te quieres a ti mismo? ¿De verdad que no tienes nada que ver en esto?

Podría formular cientos de preguntas en este sentido, porque año tras año, cuando llega la Navidad, siento pena de ver aquellos padres y madres que anteponen su propio ego y orgullo a lo que más les debería importar: la felicidad de sus hijos. Año tras año, mes tras mes, semana tras semana, te hago la siguiente pregunta:

¿Prefieres ser feliz o tener razón?

Una de las respuestas que más veces he dado a lo largo de mi vida y que más me molesta escuchar ahora es “ya lo sé”. Estamos diseñados para preferir tener razón a aprender, y eso aplicado a cualquier ámbito de la vida que implique crecimiento y desarrollo como persona, es un problema. Párate a pensar en la cantidad de ocasiones que tus creencias y pensamientos contaminados sobre algo, te impiden ir más allá, y hacer que te plantees si es posible pensar de manera distinta. Esto ocurre por lo que te acabo de decir, no nos gusta aprender, no estamos habituados a hacer cosas que nos cuesten, que nos molesten, nos creemos que ya lo sabemos todo, de hecho, fíjate estas Navidades cuando estés en una reunión de amigos, cuando alguien comenta algo que nos provoca cierto rechazo, siempre hay alguien que considera a esa persona como un “listillo”, como raro, y suele ser objeto de comentarios negativos.

No nos gusta el cambio, no nos gusta hacer cosas diferentes, en cambio, nos gusta lo fácil, lo cómodo, lo que no requiere esfuerzo, ¿pero de verdad piensas que se puede conseguir algo en esta vida de manera fácil, cómoda y sin esfuerzo? ¿Cuántas cosas hacemos a lo largo de un día que nos resultan incómodas? Que nos “joden”, piénsalo, me atrevo a decirte que pocas.

Muchas veces exteriorizamos un sentimiento negativo hacia una persona a la que le van bien las cosas, tendemos a pensar que es cuestión de suerte, que “claro, como es hijo de…”, nada más lejos de la realidad, no te confundas, lo que realmente nos ocurre es que nos gustaría ser como él/ella en la mayoría de ocasiones, para conseguir objetivos, hay que errar muchas veces, hay que aprender de esos errores, y hay que avanzar, HACE FALTA UN CAMBIO, y como siempre decimos, si quieres resultados diferentes, haz cosas diferentes.

Ya ya… pero en los divorcios…

En los divorcios, tratamos de “educar” a los clientes hacia una línea de pensamiento y conductas basadas en el bienestar, la paz, y en el dar amor de manera incondicional, y te preguntarás, ¿qué es lo primero que hay que hacer para lograr eso? Muy sencillo, desaprender de lo que habíamos hecho hasta ahora.

Pregúntate lo siguiente: ¿Si somos amables, educados, correctos, y actuamos con respeto y amor frente a nuestra ex pareja?, ¿no crees que será más fácil que recibamos lo mismo? ¿Por qué rara vez nos paramos a pensar en cómo nos gustaría que nos trataran cuando nos relacionamos con otras personas? Somos lo que somos capaces de dar, y recibimos lo que nos merecemos, párate un segundo a pensar en lo que has recibido en la última semana: en tu trabajo, con tu pareja, con tus hijos, con tu madre, con tu compañero de piso, con tu amigo del gimnasio, con tu vecino, y a continuación, recuerda qué le has dado tu a cada una de esas personas, lo que das, recibes, y lo que crees, creas. Olvídate del resultado, céntrate en la acción, verás como te empiezan a ocurrir cosas maravillosas.

Situación de hace un par de días, me llama una madre enfurecida, porque el padre de sus hijas, le ha exigido que el día de Reyes, le gustaría pasar la tarde con ellas para darles los regalos y disfrutar de su compañía. ¿Suena lógico? Yo creo que si, pero en cambio, ella, antepone su EGO al sentido común, que si ese fin de semana me tocan a mi, que ya han estado con su padre la semana anterior de Nochebuena, que no lo ve justo…POR FAVOR, no hagamos un problema donde no lo hay. ¿Con qué cara esa madre va a negarles a sus hijas que el día de Reyes puedan disfrutar de la compañía de su padre durante unas horas? Para más detalle, en esta familia son las primeras navidades que pasan divorciados, y durante los años anteriores siempre se ha celebrado la festividad de Reyes con la familia, entregando regalos, comiendo con los abuelos, y posteriormente merendando roscón.

¿Tienen culpa esas niñas acaso de lo que ha ocurrido entre sus padres?

Ninguna. Pensemos en ellos, padre, madre, si estás leyendo estas líneas coge aire tres veces y expulsa otras tres, piensa en tus hijos, lo que crees, creas, construye un entorno y una vida donde impere el amor, el respeto y la responsabilidad. Dejemos a un lado el puto ego, ¿prefieres ser feliz o tener razón?

Por último, recuerda esta idea porque es muy poderosa, el mejor ejemplo que tienen tus hijos ERES TÚ. Trata de tomar las decisiones con responsabilidad y respeto, en un divorcio la relación de pareja se acaba, pero la relación con los hijos SIEMPRE estará presente, siempre, por lo que, ¿no crees que ser ejemplo de amor, responsabilidad y compromiso hacia tus hijos sólo puede traer cosas buenas?

Elige en qué lado quieres estar, yo lo tengo claro.

Feliz Navidad.

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